domingo, 23 de noviembre de 2008

La verdadera crisis

No es facil para los mortales caminar sobre cristales sin cortarse, ni sobre brasas sin quemarse. Ni pasar por la vida inertes, sin ganas de nada. No es mi caso. No es fácil tener necesidades y ver como siempre ocurre algo que impide llegar a cubrirlas. Estamos en un país de oportunidades. Un país donde se supone que trabajar es sencillo, un país donde si tienes ganas puedes trabajar, casi casi de lo que quieras, o eso se nos vende. Sin embargo hay una lista de paro enorme y se contratan inmigrantes para cubrir las vacantes que los de aquí no quieren cubrir... ¡LA CRISIS HA LLEGADO! Chorradas... El que quiera currar que lo intente!!
La crisis ha llegado a mi bolsillo!! Ese bolsillo con un agujero dentro! Ese bolsillo apolillado por viejas cuentas. Ese bolsillo es el que ahora estoy zurciendo a base de trabajos temporales. Pero no me quejo, cada vez que hago un trabajito de esos cotizo a la Seguridad Social, tengo mi contrato. Y los inmigrantes, que todo mi respeto merecen, no tienen esa cotización, no tienen ese seguro, no saben donde dormirán mañana, y no se quejan ni la mitad de los pobrecitos pijos que no quieren labrar el campo porque se ampollan sus manos finas y delicadas. ¡¡Pues que sigan esperando en la cola!! ¡Qué sigan quejádose! Pero son los inmigrantes que cruzan en patera, los que llegan en avión, o escondidos en camiones los que se merecen los contratos buenos y decentes, porque sin duda alguna, son los que más empeño ponen en trabajar y salir adelante.

Hoy una joven de origen africano (generalizo por culpa de mi ignorancia) ha sido atacada en mis propias narices por un señor de sesenta y pico, un señor de chaqueta y corbata, mediante insultos racistas relativos al color y origen, mediante un empujón, y un no tienes derecho a ver unos títeres. Todo eso argumentado con un "hay pocas entradas disponibles para la gente del pueblo, si quieres ver títeres ve a tu "país tercermundista", y quédate allí. Me hierve la sangre.
Desde mi puesto en una caseta me he sentido humillado. Más que la pobre mujer, que ha demostrado tener buena educación, mucho respeto, y muchísima más clase que ese "individuo". Es curioso, pero lo mujer esta se ha llevado dos entradas, pagadas por mí, y el señor se ha ido a su casa por no estar sentado al lado de una mujer negra y su hijita de 5 años. En su casa, en su cena, hoy habré sido un hijoputa traidor. Me la sopla, más que la crisis. Esta crisis de identidad que padece el mundo en el que vivimos es mucho más paupérrima y dolorosa que la económica, es mucho más humillante y mucho más indignante.